Queridos diocesanos:
Hace quince años, la comunidad internacional
se comprometió firmemente a que en el año 2015 hubiese más personas que pudieran
vivir de acuerdo a su dignidad. Era lo
que se llamó la “Declaración del Milenio” que ha logrado significativamente reducir el hambre, mejorar
del acceso a la salud, a la educación, al trabajo y a la participación
política. Sin embargo, los objetivos no se han logrado del todo. Si en nuestro
mundo desarrollado la pobreza está haciendo estragos, en los países del Tercer
Mundo donde trabaja Manos Unidas, la situación es infinitamente más grave. En
los últimos años ha crecido el número de personas que viven con menos de dos dólares al día, y, todavía hoy, en
pleno siglo XXI, hay una enorme falta de trabajo digno, muchas personas se ven
obligadas a refugiarse en otros países por causa de la guerra expuestas al tráfico
de personas.



